6.8.09



I

- Y ¿tu qué es lo que pides para estar con alguien? – de momento no sabía que responder y dije la primera estupidez que vino a mi cabeza – pues para vivir con alguien una lavavajillas y una lavadora, odio lavar los platos, los cubiertos es lo peor no lo tolero … y bueno, que me acepte no que me entienda… eso seria pedir demasiado – se sonrió y me dio un beso tomándome la mano, se cambió de asiento y me abrazó besándome la cabeza, luego me giró la cara hacia él y me dijo – yo que sepa cocinar, cuando mis papás se casaron mi mamá no sabía cocinar, cuando nací mi mamá me daba sus inventos, dice mi papá que luego él llegaba, probaba la comida y le preguntaba ¿eso le diste al niño? Con cara de ¿lo probaste?- soltó una carcajada, yo también me reí imaginando la cara de su papá –pobre de ti amor- y lo besé – a mí me gusta cocinar, pero no soy bueno, me gustaría aprender bien- yo pensaba en contestar yo también, pero jamás mis labios soltaron tal mentira… era demasiado para ellos. – A mí me encantan los postres, me gusta hacer galletitas, el pay de queso con chocolate es mi favorito por eso lo aprendí a hacer – aunque en realidad me volví en una experta por mi ex novio que le encantaba, pero eso era algo que no quería que se enterara. Pidió la cuenta y salimos, yo muy agobiada pensando que tenía puntos menos a mi favor y él pensando… no se que rayos pensaba…



II

- Por la comida ni te preocupes, yo se cocinar, no soy una experta pero de hambre no nos morimos, arroz, sopas y esas cosas se hacer- me dijo tan convencida que yo creía ciega –vientos ya no tengo más de que preocuparme- le dije con una sonrisa de tranquilidad que me duró poco cuando probé su sopa amarga de sal y su carne más insípida que una cuchara limpia. No dije nada pero me convertí en una asidua televidente de programas de cocina y decidí cocinar todos los días, mientras ella lavaba los platos y ollas que ensuciaba, ese era nuestro acuerdo silencioso dándose por vencida en su esfuerzo por hacer algo comible. Y empecé a disfrutarlo…

III

Cocinaba para 7, 8 o 10 personas, pero era tan divertido… mis papilas comenzaron a disfrutar el picor de la pimienta cuando un trocito la tocaba, hasta podía sentir como despacito se dilataban mis papilas invadiendo mi boca de sabor y ardor… la sal se volvió en algo más, mucha, poca, la necesaria para salivar y dar de alta al sabor… oler el ajo me mandaba tantos mensajes a mi cabeza… hasta lo podía saborear con solo olerlo y paladearlo, cerré ese día los ojos y me imaginé lo que iba a cocinar…

IV
Quería demostrarle que ya sabía cocinar… pensaba en él cuando picaba la cebolla-ojalá estuviera aquí- …





V

Y se convirtió en un postre… todas esas mentiras escritas, esos desencantos y desamores por los que me esforzaba en conservar se convirtieron en los más deliciosos postres… adictivos, dulces, pecadores y directos a las caderas… cuando lo mencionaba aparecía como un perfecto flan napolitano, lleno de caramelo no espeso, si no ese que cuando cortas el flan poco a poco se va escurriendo por ese cuerpo y el plato queda embarrado de pecado, dejando la huella y napando la cuchara invitándote a otro bocado… dulce en su perfección, jamás empalagoso y con color perfecto… ese es él… dos tres chocolatinas con menta… amargas… dulces…refrescantes pero siempre amargas, perfectas para después de comer, solo un bocado y acabas con ellas, efímeras, sutiles y adictivas…

VI

Las palabras se hicieron hechiceras y conjuraron para maldecirme cortándome la inspiración, se aliaron con los títeres y farsantes para darme la espalda y dejarme olvidada en un rinconcito… mis dedos se pusieron de acuerdo para no volver a escribir y lo que quedaba de razón se volcó con el corazón haciéndome una desdichada y a punto de morir de tristeza… no volví a la cocina y no probé ningún postre, hasta mi sentido del gusto me abandonó, o lo dejé ir… no se como fui a dar a esa escuela culinaria, pero llegué… él hablaba de la cocina como una forma de vida, y así se convirtió la mía… dos tres tropiezos amargos y salados me hicieron buscar otros sabores y encontré el dulce ácido salado perfecto, que me mantiene y ayudó a mezclarse con las palabras y hacer platillos descriptivos…-ya entendí ¡te inspiraste en el lago de los cisnes!- le dije mientras miraba su montaje y veía unos cisnes de pan bailando en un espejo con un pentagrama de chocolate y notas musicales desafiando a la crema pastelera… así intento convertir el veneno de la comida en un placer…