7.6.09
- ¿Ya le quitaste el corazón?-, -sí, lo hice con mucho cuidado, pero fue difícil tenía la piel muy gruesa, creo que... es mas vieja de lo que creímos-... Interrumpió mi frase rápido -sh, que nadie se entere...y suspiró - que en realidad nadie se dará cuenta, estaba sola, ahí cada día, como esperando este momento...- entonces... ¿no me siento culpable?, creo que se escurre demasiado, tengo las manos, y mira, ¡los codos también embarrados!... ¡salpiqué mi blusa! esta mancha no sale, dicen que es dificilísimo sacar estas manchas de la ropa... -no te apures, mejor ahora ve cortando poco a poco, ¿le quitaste la piel? ¿por eso te salpicaste?, te dije que lo hicieras con cuidado, no quiero que nada caiga al piso, no quiero que esto se haga más evidente... - nada cayó al piso, tranquila, solo se quedó en mi blusa un poco ... -bien, cortala con cuidado, no quiero que pierda mucha forma, que queden todos como filetes, apilados formándola... -es difícil, tengo miedo de que se resbale, sin piel es más difícil hacer los cortes... ya esta lista, ¿donde la pongo?, creo que ya vienen, ¡se darán cuenta que no esta!, ¡nos descubrirán!... y comencé a correr hacia todos lados con las manos manchadas, el cuchillo escurriendo y no sabiendo qué hacer... -mejor ponla en le plato, rocíala con azúcar, canela y ¡ya mete esa manzana al horno que se está oxidando!...
Era como si acababa de terminar de comer un pastel de chocolate, relleno de chocolate y con cubierta de chocolate, tal vez con unas lajas de chocolate blanco, para hacerlo más grasoso y pecador… asi me sentía, llena pero con culpa, quería cerrar los ojos y solo disfrutar ese agradable sabor de boca que queda cuando terminas de comer. No se que me gusta más, si sentir el chocolate líquido que se escurre en la boca, o cómo se va deshaciendo poco a poco y las papilas se van dilatando, los ojos se cierran y el olor llega hasta la nariz haciendo que mi paladar y la lengua reconozcan el sabor aterciopelado de ese elíxir divino…abrí los ojos y ahí estaba tirado, junto a mi, tan blanco que parecía empapelado, ignorando mi estúpida necesidad de un abrazo, aunque fuera discreto. Yo quería abrazarlo, pero no delatar ni un gramo de ternura, queria otra vez sentirlo cerquita cerquita, como cuando abrazas una almohada suave y se amolda tan bien al cuerpo que terminas por dormir sobre ella… con los ojos abiertos pero dándole la espalda, empecé a recapitular qué había pasado esa noche, en qué momento me dejé llevar por sus manos y esa suavidad al acariciar mis piernas, dejando poco a poco a un lado mi histeria y ganarme la pasión. Era un pastel, lo juro, el pan esponjado, el merengue suave y de sabor justo, para no empalagar, quedar satisfecha pero a la vez, quedarme con ganas de volver a comerlo. Antes de que sonara el despertador estaba con los ojos abiertos, esperando la orden, pero no pude obedecer y el cansancio me tiraba en la cama, y el empapelado seguía ahí, dando los buenos dias como quien saluda a un compañero de trabajo, como si no hubiera pasado nada y todo haya sido un sueño repostero, le abrí la puerta y salió sin dejar estela brillante ni chocolatosa, como pensé que lo dejaría por lo menos del pasillo a la salida… me duché para limpiar mis penas y me fui a trabajar, sin pensar en postres.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)